"¿Cómo serán los periódicos?"

Artículo publicado por Andrés Montero Gómez en "El Diario Vasco" (23-08-2010)


Recientemente, John Carlin entrevistaba a Bill Gates. El fundador de Microsoft subrayaba que el futuro de los medios de información pasaría no tanto por el pago o no de las noticias 'online' por parte de los usuarios, cuanto por la aportación de valor a través del criterio. Los medios de comunicación deberían vender criterio como valor. Gates apuntaba a que el criterio es algo ajeno a los idiotas.

Antes de Gates, su eterno competidor Steve Jobs había expresado su malestar por el hecho de que su país se convirtiera en una nación de blogueros. Aunque sus palabras puedan ser (y hayan sido) interpretadas desde cualquier contexto, el fundador de Apple no parecía estar poniendo en el centro de su opinión tanto su rechazo a los blogueros como su convicción de que los medios de comunicación deberían cobrar por la información pero, sobre todo, vender lo que era capaz de envolver en una sola palabra: editorial.

Jobs parecía referirse al editorial no en términos restrictivos, sino equivalentes a un concepto de las ciencias del conocimiento que en idioma inglés es el 'insight' y en español puede equipararse con el juicio, con la reflexión, con la visión... En definitiva, con la comprensión de algo. Lo editorial no estaría así circunscrito a la opinión del propio periódico o medio de comunicación, sino a lo que últimamente también se conoce en los medios como análisis, un intento de poner en contexto, de comprender, el alcance y las implicaciones de la noticia informativa.

En la era de transición a Internet en la que estamos, los medios de información han sido proveedores de noticias. En el futuro serán proveedores de significados, de manera que entrarán en una nueva dimensión como medios de conocimiento. El salto conceptual requerirá tres cambios relevantes: 1) Un cambio cultural en la profesión periodística; 2) Un cambio o, si se quiere, una nueva conformación de los hábitos de consumo del gran público; y 3) Una nueva manera de analizar y proporcionar comprensiones sintéticas de la realidad. Ninguno de estos cambios representará una trayectoria aislada, sino una malla entrecruzada e interdependiente de senderos, ninguno de los cuales puede andarse en solitario porque son mutuamente influyentes.
La siembra y germinación de información en red es ya una realidad irreversible, que a su vez ha condicionado los hábitos de consumo informativo de los inmigrantes digitales, pero que, fundamentalmente, ha creado un nuevo comportamiento de consumo en ese estrato de población que construirá el futuro y que hemos bautizado como nativos digitales. Estos, los nativos digitales, los jóvenes que ya han nacido embebidos en Internet, se socializan en la Red y crean nuevos patrones no sólo de generación y transmisión de información sino de construcción de realidades informativas. Ya no se trata solamente de que el lenguaje truncado de los SMS o los 140 caracteres de Twitter compriman la realidad. De lo que se trata es de que el mosaico informativo, en un flujo hiperconectado de personas, de escenarios y de datos, es ya de tal magnitud que el significado de la realidad no se basará en la reflexión pausada y contrastada, sino en la capacidad de procesamiento rápido e interconectado de píldoras de información. La función social de una prensa por la que haya que pagar para aportar valor en un universo poblado de información accesible y gratuita será transformar esas píldoras de información en píldoras de significados. Es decir, soportes de información con calidad de análisis que tengan extensión mínima (brevedad) y capacidad de profundidad en superficie. Toda una contradicción, profundidad en la superficie.

Los medios de comunicación, principalmente los medios escritos, tendrán que gestionar esa contradicción para pasar de ser proveedores de información a proveedores de significados, significados breves, rápidos y profundos en su flotación en superficie. El criterio del que hablan Jobs o Gates vendrá inserto en información inteligente. La nueva información de la nueva prensa escrita tendrá las características de fiabilidad de siempre, pero estás propiedades no serán suficientes para venderla, por lo menos para venderla a la población general. Esta población consumirá un significado breve e interconectado. Eso implicará que una pieza de quinientas palabras deberá ser diseñada con capacidad para ofrecer información de lo que ha ocurrido pero también del encaje de eso que ocurre en su contexto, así como de sus implicaciones y posibilidades de evolución. Esta pieza enriquecida de información tendrá que limitarse a las quinientas palabras trascendiéndolas a su vez, y ello sólo será posible hipertextualizando. Es decir, el papel desaparecerá y el periódico irá a la pantalla, el único entorno que permitirá conectar las palabras por hipertexto y convertir la superficie en profundidad. Desde la superficie profunda del hipertexto se podrá diseñar el significado que aportará valor.

Este modo aparentemente contradictorio (profundidad en superficie, amplitud en la brevedad) llevará a los periodistas a superar una tercera contradicción, aquélla que tradicionalmente ha situado la información en un plano distinto del análisis. El periodista como proveedor de significados en una 'sociedad red' será alguien formado en el análisis y no en la reproducción de los hechos, porque los hechos reproducibles dejarán de aportar valor por ser parte intrínseca e instantánea de la red informativa global. El valor llegará de la información procesada e inteligente, inter-relacionada por hipertexto semántico por un periodista que pasará de ser informador a diseñador de significados. La prensa del futuro será algo que construyamos. Lo que tenemos, este largo artículo incluido, ya es el pasado.

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