El número de “The Economist” con fecha 9 de julio de 2011, que incluye un amplio conjunto de páginas especiales dedicadas a lo que la revista define como “El futuro de las noticias”, puede leerse de una doble forma: como si se tratara de uno de los más importantes obituarios que se han escrito hasta el momento para el periodismo tradicional que surgió a mediados del siglo XVIII o como si fuera un documento iniciático tan esclarecedor como demoledor de por dónde puede transitar el mundo del periodismo en las próximas décadas.
El seductor y revelador titular de portada, “Back to the coffee house” (“Regreso a los cafés”), ya establece, de principio, una tesis sumamente interesante por su radicalidad, su perspicacia y su inteligencia: Internet está obligando a las empresas periodísticas a regresar a la cultura de la conversación que existía en Europa, y especialmente en los cafés de Francia, Italia, Reino Unido o España, antes de que nacieran los grandes medios de comunicación.
“The Economist” quiere explicar con esta sentencia que webs, blogs y redes sociales como Facebook o Twitter están liderando una nueva forma de canalizar la información, estableciendo una pujante versión digital del antiguo boca a oreja, que obliga a los grandes medios de comunicación tradicionales, y entre éstos, especialmente a los impresos, a adaptarse con rapidez o a morir en el intento. Vivimos en un nuevo ecosistema informacional caracterizado por la atomización de las fuentes generadoras de información, por el surgimiento de miles de medios-partícula, por la conversión del lector local en informador global y por la aparición de formas radicalmente novedosas de acceder a la información, de transmitirla, de distribuirla y de analizarla. Lo que todavía no ha surgido, a pesar de que ya son varios los intentos que se están llevando a cabo al respecto, es un modelo efectivo de negocio que logre financiar con éxito los nuevos modelos periodísticos que están apareciendo o que están comenzando a aparecer.
A lo largo de 16 páginas sin desperdicio, “The Economist” desbroza, con todo detalle, el cambio tecnológico radical, el conjunto rotundo de “killer aplications”, que ha acabado para siempre con una forma de hacer periodismo que apareció hace dos siglos. La revista británica, que, no hay que olvidarlo, nació en 1843, repasa los nuevos modelos de negocio periodísticos, analiza la situación de los medios de comunicación en los principales países del mundo, profundiza en los diversos canales a través de los que hoy en día es posible llegar a los lectores, se sumerge en profundidad en el estudio de lo que supone Internet para la prensa tradicional y presenta varias artículos que, desde diferentes ángulos, quieren responder a la misma pregunta: ¿cómo se financiarán los nuevos medios que ya están aquí?.
Un ejemplar histórico. Para guardar en papel o en el Ipad.

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